Síntesis de la Historia Argentina Autor: Felipe Pigna.



Argentina indígena
La población del actual territorio argentino a la llegada de los españoles a principios del siglo XVI sumaba unas 330.000 personas agrupadas en una veintena de grupos étnicos. Los habitantes del Noroeste, las Sierras Centrales y la Mesopotámica practicaban la agricultura, mientras que el resto del territorio estaba ocupado por grupos de cazadores-recolectores. Las culturas más extendidas fueron los diaguitas al Noroeste, los guaraníes, los tupíes, los tobas y los guaycurúes en el Noreste, los pampas en el centro y los tehuelches, mapuches y onas en el Sur.


Conquista y colonización 
En 1536 Don Pedro de Mendoza fundó Santa María de los Buenos Ayres, la primera ciudad argentina. La miseria y el hambre doblegaron a Mendoza y su gente y Buenos Aires quedó despoblada hasta su segunda fundación por Juan de Garay en 1580. Las ciudades argentinas fueron fundadas por conquistadores que provenían de distintas zonas de América. La corriente pobladora del este, llegada desde España, tomó como base de operaciones la ciudad de Asunción y fundó las ciudades litorales. La que vino desde el Perú ocupó el Tucumán, como se llamaba entonces a todo el Noroeste argentino. Las ciudades cuyanas fueron fundadas por la corriente proveniente de Chile.


La etapa colonial 
Lo que hoy es la Argentina perteneció al virreinato del Perú hasta que en 1776 el rey Carlos III creó el Virreinato del Río de la Plata, cuyo primer virrey fue Pedro de Ceballos. La capital, Buenos Aires, se convirtió en un gran puerto comercial y se incrementó notablemente la exportación de cueros, tasajo y de la plata proveniente de las minas del Potosí. El sistema de monopolio impuesto por España prohibía comerciar con otro país que no fuera la propia España. Esto encarecía notablemente los productos y complicaba la exportación. En 1806 y 1807 se produjeron dos invasiones inglesas, que fueron rechazadas por el pueblo de Buenos Aires, alistado en milicias de criollos y españoles. En cada milicia, los jefes y oficiales fueron elegidos democráticamente por sus integrantes. Las milicias se transformaron en centros de discusión política.


La revolución 
Las invasiones inglesas demostraron que España estaba seriamente debilitada y que no podía ni abastecer correctamente ni defender a sus colonias. La ocupación francesa de España por Napoleón, la captura de del Rey Carlos IV y su hijo Fernando VII y la caída de la Junta Central de Sevilla decidieron a los criollos a actuar. El 25 de mayo de 1810 se formó la Primera Junta de gobierno presidida por Cornelio Saavedra, que puso fin al período virreinal. Mariano Moreno, secretario de la Junta, llevará adelante una política revolucionaria tendiente a fomentar el libre comercio y a sentar las bases para una futura independencia.


La etapa revolucionaria 
Entre 1810 y 1820 se vive un clima de gran inestabilidad política. Se suceden los gobiernos (Primera Junta (1810), Junta Grande (1811), Triunviratos (1811-1814) y el Directorio (1814-1820) que no pueden consolidar su poder y deben hacer frente a la guerra contra España. En esta lucha se destacarán Manuel Belgrano, José de San Martín, llegado al país en 1812, y Martín Miguel de Güemes. Las campañas sanmartinianas terminarán, tras liberar a Chile, con el centro del poder español de Lima. El 9 de julio de 1816 un congreso de diputados de las Provincias Unidas proclamó la independencia y en 1819 dictó una constitución centralista que despertó el enojo de las provincias, celosas de su autonomía.


Unitarios y federales 
A partir de 1819 en el país se fueron definiendo claramente dos tendencias políticas: los federales, partidarios de las autonomías provinciales, y los unitarios, partidarios del poder central de Buenos Aires. Estas disputas políticas desembocaron en una larga guerra civil cuyo primer episodio fue la batalla de Cepeda en febrero de 1820, cuando los caudillos federales de Santa Fe, Estanislao López, y de Entre Ríos, Francisco Ramírez, derrocaron al directorio. A partir de entonces, cada provincia se gobernará por su cuenta. La principal beneficiada por la situación será Buenos Aires, la provincia más rica, que retendrá para sí las rentas de la Aduana y los negocios del puerto.


La etapa rosista 
En 1829 uno de los estancieros más poderosos de la provincia, Juan Manuel de Rosas, asumió la gobernación de Buenos Aires y ejerció una enorme influencia sobre todo el país. A partir de entonces y hasta su caída en 1852, retendrá el poder en forma autoritaria, persiguiendo duramente a sus opositores y censurando a la prensa, aunque contando con el apoyo de amplios sectores del pueblo y de las clases altas porteñas. Durante el rosismo creció enormemente la actividad ganadera bonaerense, las exportaciones y algunas industrias del interior que fueron protegidas gracias a la Ley de Aduanas. Rosas se opuso a la organización nacional y a la sanción de una constitución, porque ello hubiera significado el reparto de las rentas aduaneras al resto del país y la pérdida de la hegemonía porteña.


La Secesión 
Justo José de Urquiza era gobernador de Entre Ríos, una provincia productora de ganado como Buenos Aires que se veía seriamente perjudicada por la política de Rosas, que no permitía la libre navegación de los ríos y frenaba el comercio y el desarrollo provinciales. En 1851, Urquiza se pronunció contra Rosas y formó, con ayuda brasileña, el Ejercito Grande con el que derrotó definitivamente a Rosas en Caseros el 3 de febrero de 1852. Urquiza convocó a un Congreso Constituyente en Santa Fe que en mayo de 1853 sancionó la Constitución Nacional. Pero aunque ya no estaba Rosas, los intereses de la clase alta porteña seguían siendo los mismos y Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina, dieron un golpe de estado, conocido como la "Revolución del 11 de Septiembre de 1852". A partir de entonces, el país quedó por casi diez años dividido en dos: el Estado de Buenos Aires y la Confederación (el resto de las provincias con capital en Paraná). La separación duró casi diez años, hasta que en septiembre de 1861, el líder porteño Bartolomé Mitre derrotó a Urquiza en Pavón y unificó al país bajo la tutela porteña.


La organización nacional 
A partir Pavón se sucedieron los gobiernos de Bartolomé Mitre (1862-68), Domingo F. Sarmiento (1868-1874) y Nicolás Avellaneda (1874-1880), quienes concretaron la derrota de las oposiciones del interior, la ocupación del todo el territorio nacional y la organización institucional del país fomentando la educación, la agricultura, las comunicaciones, los transportes, la inmigración y la incorporación de la Argentina al mercado mundial como proveedora de materias primas y compradora de manufacturas.


La república conservadora 
En 1880 llegó al poder el general Julio A. Roca, quien consolidó el modelo económico agroexportador y el modelo político conservador basado en el fraude electoral y la exclusión de la mayoría de la población de la vida política. Se incrementaron notablemente las inversiones inglesas en bancos, frigoríficos y ferrocarriles y creció nuestra deuda externa. A partir de la crisis de 1890 surgieron las oposiciones al régimen. Por el lado político, la Unión Cívica Radical luchaba por la limpieza electoral y contra la corrupción, mientras que, por el lado social, el movimiento obrero peleaba por la dignidad de los trabajadores desde los gremios socialista y anarquista.


La reforma electoral 
La lucha radical, expresada en las revoluciones de 1893 y 1905, y el creciente descontento social, expresado por innumerables huelgas, llevarán a un sector de la clase dominante a impulsar una reforma electoral que calme los ánimos y traslade la discusión política de las calles al parlamento. En 1912, el presidente Roque Sáenz Peña logró la sanción de la ley que lleva su nombre y que establece el voto secreto y obligatorio.


La etapa radical 
La aplicación de Ley Sáenz Peña hizo posible la llegada del radicalismo al gobierno. Los radicales gobernarán el país entre 1916 y 1930 bajo las presidencias de Hipólito Yrigoyen (1916-1922) (1928-1930) y Marcelo T. de Alvear (1922-1928), e impulsarán importantes cambios tendientes a la ampliación de la participación ciudadana, la democratización de la sociedad, la nacionalización del petróleo y la difusión de la enseñanza universitaria. El período no estuvo exento de conflictos sociales derivados de las graves condiciones de vida de los trabajadores. Algunas de sus protestas, como la de la Semana Trágica y la de la Patagonia, fueron duramente reprimidas con miles de trabajadores detenidos y centenares de muertos.


La década infame 
El 6 de septiembre de 1930 los generales José Félix Uriburu y Agustín P. Justo encabezaron un golpe de estado, apoyado por grupos políticos conservadores, y expulsaron del gobierno a Yrigoyen inaugurando un período en el que volvió el fraude electoral y la exclusión política de las mayorías. En 1933 se firmó el Pacto Roca-Runciman con Inglaterra que aumentó enormemente la dependencia Argentina con ese país. Se sucedieron los gobiernos conservadores (el general Uriburu, entre 1930 y 1932; el general Justo, entre 1932 y 38; Roberto Ortiz, entre 1938 y 1942, y Ramón Castillo, entre 1942 y 1943), que se desentendieron de los padecimientos de los sectores populares y beneficiaron con sus políticas a los grupos y familias más poderosas del país.


La etapa peronista 
En 1943 un grupo de militares nacionalistas dio un golpe de estado y derrocó al presidente Castillo. Dentro de este grupo se destacó el coronel Juan Domingo Perón, quien, desde la secretaría de Trabajo y Previsión, llevará adelante un política tendiente a mejorar la legislación laboral y social (vacaciones pagas, jubilaciones, tribunales de trabajo). El apoyo popular a Perón lo llevará al gobierno en las elecciones de 1946. Durante sus dos presidencias (1946-1952 y 1952-1955) Perón, que ejercerá el poder limitando el accionar de la oposición y censurando a la prensa, impulsará una política que combinaba el impulso de la industria, el empleo, las comunicaciones y los transportes, con la acción social desarrollada por Eva Perón a través de la construcción de hospitales, escuelas, hogares para niños y ancianos, y ayuda económica para los más pobres.


La inestabilidad política 
En 1955 un nuevo golpe militar derrocó a Perón, quien marchó al exilio. A partir de entonces y hasta 1973, los peronistas no podrán votar por su partido. En ese período habrá dos presidentes civiles, Arturo Frondizi (1958-62) y Arturo Illia (1963-66) que intentarán impulsar el desarrollo nacional y poner fin a la proscripción del peronismo. Ambos serán derrocados por golpes militares. El golpe del ’66, llamado Revolución Argentina, se prolongó en el poder por siete años hasta que la presión popular expresada en violentas protestas como el Cordobazo y en la aparición de grupos guerrilleros, obligó a los militares a llamar a elecciones el 11 de marzo de 1973. El candidato peronista, Héctor Cámpora, resultó electo.


El regreso del peronismo 
Entre 1973 y 1976 gobernó nuevamente el peronismo con cuatro presidentes (Cámpora, 1973; Lastiri, 1973; Perón, 1973-1974; e Isabel Perón 1974-1976), quienes intentaron retomar algunas de las medidas sociales del primer peronismo, como el impulso de la industria y la acción social, el mejoramiento de los sueldos y el control de precios. Pero los conflictos internos del movimiento peronista y la guerrilla, sumados a la crisis económica mundial de 1973, complicaron las cosas que se agravaron aun más con la muerte de Perón en 1974 y la incapacidad de su sucesora Isabel Perón para conducir el país. Esta crisis fue utilizada como excusa para terminar con el gobierno democrático y dar un nuevo golpe militar.


La dictadura 
La dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983 contó con el decisivo respaldo de los grandes grupos económicos nacionales y el financiamiento permanente de los grandes bancos internacionales y los organismos internacionales de crédito como el Banco Mundial y el FMI. El saldo de su gestión fue el de miles de muertos y desaparecidos, centenares de miles de exiliados, la derrota del Ejército argentino en Malvinas, la multiplicación de la deuda externa por cinco, la destrucción de gran parte del aparato productivo nacional y la quiebra y el vaciamiento de la totalidad de las empresas públicas a causa de la corrupción de sus directivos.


La democracia 
Desde 1983, el país vive en democracia restableciéndose las libertades públicas y los derechos humanos, y la cultura argentina volvió a destacarse en el mundo La herencia dejada por la dictadura militar fue muy pesada y los sucesivos gobiernos (Raúl Alfonsín, 1983-1989 y Carlos Menem 1989-1999) vieron condicionados sus planes sociales y políticos por las presiones económicas. Menem entendió que la solución pasaba por una política de privatizaciones. Esta política generó una breve etapa de bienestar (1991-1995), pero que concluyó con una profunda crisis que generó desocupación y aumentó notablemente la deuda externa.

Miep Gies - Ana Frank

A los 100 años / Dedicó su vida a promover la memoria del Holocausto

Murió la mujer que escondió a Anna Frank y a su familia

Miep Gies les llevó alimentos durante dos años y rescató el diario de la adolescente

Miércoles 13 de enero de 2010 | Publicado en edición impresa

AMSTERDAM.- La última sobreviviente del grupo que ayudó a Anna Frank y a su familia a esconderse de los nazis en Amsterdam, durante la Segunda Guerra Mundial, murió anteayer, a los 100 años.
Miep Gies, ex secretaria nacida en Austria, formó parte del grupo de no judíos que facilitaron víveres y ayuda a la familia Frank en un escondite de una casa de Amsterdam, entre julio de 1942 y agosto de 1944, cuando las SS nazis los descubrieron. También ella rescató y conservó el diario de Anna, que desde su primera publicación, en 1947, fue traducido a más de 60 idiomas, llevado al cine y al teatro, y sigue siendo uno de títulos más vendidos de la historia.
Gies falleció de una herida en el cuello sufrida durante una caída en su casa poco antes de Navidad, en la ciudad holandesa de Hoorn, según comunicó la vocera del Museo de Anna Frank, Annemarie Bekker.
"Yo no soy una heroína", afirmó Miep Gies, en un comunicado, cuando cumplió 100 años, el 15 de febrero de 2009. "Solamente hice lo que pude para ayudar", agregó.
Hermine (Miep) Gies-Santrouschitz, nacida en Austria, fue enviada a Holanda en 1920, en el marco de un programa de ayuda a los niños debilitados por la desnutrición y por la tuberculosis, después de la Primera Guerra Mundial. Comenzó a trabajar como oficinista en una fábrica textil, pero perdió su trabajo en 1933, cuando se profundizaba la crisis.
Ese mismo año, comenzó a trabajar en la fábrica de Otto Frank, el padre de Anna, que vendía pectina (un producto usado en las industrias alimentaria y farmacéutica) en Amsterdam. Tras negarse a sumarse a una organización nazi, Gies evitó ser deportada a Austria al casarse con su novio holandés, Jan, en 1941. Ella y su marido se hicieron amigos de la familia de su jefe.
A principios de 1942, cuando la situación de los judíos en Holanda, ocupada por las tropas de la Alemania nazi, se hacía cada vez más difícil, Otto Frank le preguntó si ella aceptaría ayudarlo a esconderse con su familia.
"Hay intercambios de miradas que sólo se producen una o dos veces en la vida. Esa fue una de ellas. Yo le respondí: «Por supuesto»", escribió Miep Gies en su libro Ella se llamaba Anna Frank , publicado en 1987.
En junio de 1942, la familia Frank se instaló en un escondite acondicionado en la parte trasera del local de su empresa, y otros cuatro judíos se les unieron más tarde.
Durante dos años, Miep Gies y tres de sus colegas les permitieron sobrevivir. En su libro, ella cuenta que todas las mañana iba al anexo secreto para recoger la lista de pedidos de la familia, antes de ir a su oficina. Luego, hacía las compras y regresaba para almorzar con la familia Frank.
El 4 de agosto de 1944, la familia Frank fue denunciada, arrestada por la Gestapo y deportada. Miep Gies tuvo tiempo para salvar el diario de Anna y esconderlo sin leerlo bajo llave hasta que la niña regresara después de la guerra.
Anna murió de tifus en marzo de 1945, a los 15 años, en el campo de concentración de Bergen-Belsen, apenas dos semanas antes de que el campo fuera liberado.
Cuando Otto Frank, el único sobreviviente de la familia, regresó, el 3 de junio de 1945, se instaló con Miep Gies y su marido durante algunos años. Ella le entregó entonces el diario de Anna, que se publicó por primera vez en holandés, en 1947.
En 1950 nació Paul, el hijo de Miep, que acaba de abrir un registro de condolencias en su página web. Jan, el marido de Miep, murió en 1993, a los 87 años. Miep tenía tres nietos.
Después de la publicación del Diario de Anna Frank , Miep Gies se dedicó a promover la memoria del Holocausto en todo el mundo. Recibió, junto con su marido, varias distinciones internacionales, incluidos el premio Raoul Wallenberg del valor; el reconocimiento del Estado de Israel como "Justos entre las naciones"; la Orden de Caballero de Orange-Nassau en los Países Bajos, en 1995; condecoraciones del gobierno alemán y de su ciudad natal, Viena. El año pasado, al cumplir 100 años, tuvo un reconocimiento singular. La Unión Astronómica Internacional le puso su nombre a un asteroide que se encuentra entre Marte y Júpiter.
"Ayudar a las personas que están en peligro no es una cuestión de valentía, sino una elección entre el bien y el mal que toda persona debe hacer una vez en su vida", decía Miep Gies. "Gracias a nuestra ayuda, Anna vivió dos años más. Años en los que escribió su diario, que representa para millones de personas una fuente de esperanza y de inspiración."
Agencias AFP, AP y Reuters


Biografía de Ana Frank



Annelies Maria Frank Höllander, más conocida como Ana Frank, fue uno de los muchos niños judíos que murieron durante el Holocausto nazi emprendido por el Tercer Reich deAdolf Hitler. El aterrador testimonio de su martirio quedó reflejado para siempre en su diario autobiográfico, el tristemente famoso Diario de Ana Frank. 
Ana Frank nació en Francfort del Meno, en Alemania, el 20 de junio de 1929. Los padres de Ana Frank eran Otto Heinrich Frank y Edith Höllander. Ana Frank tenía una hermana tres años mayor llamada Margot.

Su familia era judía por lo que, cuando el partido nacional-socialista de Hitler ascendió al poder en 1933, todos se trasladaron a Ámsterdam para huir de los nazis. Allí vivieron libres y felices durante un tiempo. Otto Frank fundó la empresaOpekta dedicada a la comercialización de pectina usada en la elaboración de mermeladas y Edith Höllander se entregó al cuidado de sus dos hijas.



Sin embargo, cuando el ejército alemán invadió Holanda el 10 de mayo de 1940, el sueño se convirtió enpesadilla: comienzan las discriminaciones a los judíos: no pueden tener empresas, los niños deben estar en escuelas para judíos, deben llevar en todo momento y lugar una identificación en forma de estrella, etc.

Es después de esto, el 12 de junio de 1942, cuando le regalaron su famoso diario por cumplir trece años. Según sus propias palabras fue el mejor regalo que le podrían haber hecho y no tardó nada en estrenarlo. Lo que describe en las siguientes semanas son cosas que contaría cualquier niño en su etapa de adolescencia: lo que le ocurre en la escuela, sus preocupaciones por las notas, descripciones de sus compañeros de clase, etc.

Sin embargo, menos de un mes después, en julio, las autoridades alemanas comienzan a deportar judíos holandeses a los campos de concentración de Polonia. Esta amenaza, junto con la citación que recibe Margot Frank para acudir a un campo de trabajo en Alemania acelera la decisión de la familia Frank de esconderse en la conocida casa de atrás, un desván situado en la parte trasera de las oficinas de Opekta. Ese será su hogar y el de la familia Van Pels durante dos años, sobreviviendo gracias a la ayuda de los antiguos empleados del padre de Ana Frank: Miep Gies y Bep Voskuijl que se encargaban de las necesidades básicas diarias; yJohannes Kleiman y Victor Kugler que se ocupaban de encontrar dinero para los gastos y de velar por la seguridad de los refugiados.


Los Frank se trasladan a la casa de atrás el 6 de julio de 1942. Una semana después llega la familia Van Pels y en noviembre del mismo año se une Fritz Pfeffer, conocido de los Frank. En la primera planta vivirán Otto, Edith y Margot en una habitación y en otra Ana Frank y Fritz Pfeffer. En esta planta también estaba el aseo y el retrete.

En la segunda planta vivían los Van Pels. Su dormitorio se utilizaba durante el día de salón-comedor. Al lado, estaba la habitación de Peter, a través de la cual se llegaba a un desván donde guardaban las provisiones. Era ahí donde Peter Van Pels y Ana Frank conversaban durante horas.

Los días en la casa de atrás se van a caracterizar por la monotonía, el aburrimiento y el miedo a ser descubiertos. Sin embargo, esto no impidió que Ana plasmase todo lo que le ocurría y pensaba en su diario, desde los sentimientos propios de una niña hasta inteligentes reflexiones dignas de un adulto.

Ana Frank para pasar el tiempo y escapar del aburrimiento escribía en su diario, leía, estudiaba, alguna que otra vez espiaba a sus vecinos por las noches con un catalejo, etc. En una de las entradas del Diario de Ana Frank' ésta cuenta lo que estudiaba cada habitante. Ella dice de si misma que estudiaba francés, inglés, alemán, taquigrafía holandesa,geometría, álgebra, historia, geografía, historia del arte, mitología, biología, historia bíblica, literatura holandesa; y leía: biografías, libros de historia, novelas, etc.

Durante el día, todos debían de ser muy precavidos y silenciosos, pues en Opekta trabajaba gente ajena a lo que allí estaba ocurriendo. Aunque los protectores debían de disimular, al mediodía, cuando todos los demás se habían ido a comer, de vez en cuando aprovechaban para ir a la casa de atrás para comer con los refugiados.

Además, para evitar que el encierro se convirtiera en algo insoportable, Otto Frank decidió establecer unoshorarios muy estrictos. Así era un día en el refugio: a partir de las 6:45 todos se levantaban. Entre las 8:30 y las 9:00 debían estar en silencio ya que era la hora en la que los trabajadores de Opekta entraban a trabajar. A partir de aquí desayunaban y Miep Gies se escapaba un momento para informar sobre la situación y recoger la lista de la compra. A las 12:30, hora de salida del personal de Opekta, empezaban a hacer el almuerzo y a la 13:00 escuchaban las noticias de la radio. A la 13:15 comían, después lavaban los platos y dormían la siesta. Mientras tanto, Ana Frank aprovechaba para escribir en su diario. Sobre las 17:30 podían respirar tranquilos, estaban solos. Auguste y Edith preparaban la cena. En este tiempo también aprovechan para escuchar las noticias de la radio. Sobre la 21:00 preparaban las camas y a las 22:00 todo el mundo debía estar ya durmiendo.

Todos soñaban con salir de ese encierro y en ocasiones comentaban lo que desearían hacer si tuviesenlibertad. En la entrada del diario del 23 de julio de 1943 Ana Frank escribe: "Lo que más anhelan Margot y el señor Van Pels es un baño de agua caliente hasta el cogote, durante por lo menos media hora. La señora Van Pels quisiera irse enseguida a comer pasteles, Pfeffer en lo único que piensa es en su Charlotte, y mamá en ir a algún sitio a tomar café. Papá iría a visitar al señor Voskuijl, Peter se iría al centro y al cine, y yo de tanta gloria no sabría por dónde empezar. Lo que más anhelo es una casa propia, poder moverme libremente y que alguien me ayude a hacer los deberes, o sea: ¡volver al colegio!”.

Además, durante estos dos años Ana Frank estableció una íntima relación con Peter van Pels. Al principio no le presta mucha atención e incluso sus opiniones sobre él no son muy buenas según refleja en su diario. Sin embargo, la convivencia y sus largas charlas en la despensa hacen que los dos terminen enamorándose. Éste será el primer y último amor de Ana Frank y el primer chico que besará sus labios.

La monotonía del refugio se ve inesperadamente interrumpida una mañana del 4 de agosto de 1944. Una denuncia telefónica recibida en el cuartel general de las SS provoca que Karl Silberbauer, suboficial alemán, se dirija junto con cuatro nazis holandeses a la calle Prinsengracht. Así, entraron en Opekta sobre las 10:30 de la mañana y se dirigieron directamente a la estantería giratoria. Esto pilló por sorpresa a los 8 habitantes de la “casa de atrás” que no se esperaban esta intervención. Otto Frankexplica: “Yo estaba arriba, donde los Van Pels, en el cuartito de Peter, ayudándole a hacer los deberes. De pronto, oigo que alguien se lanza escaleras arriba, abre la puerta y aparece ante nosotros con una pistola en la mano. Abajo ya los habían reunido a todos. Mi mujer, las niñas y los Van Pels estaban allí con las manos en alto".

Silberbauer les dio 5 minutos para recoger sus cosas y se los llevó a todos detenidos. Después, separaron a los protectores de los escondidos. A estos últimos se los llevaron a la cárcel de Weteringschans. El 8 de agosto emprendieron camino hacia el campo de concentración de Westerbork, donde permanecieron en los barracones de castigo por no haberse presentado voluntariamente a la deportación.

El 2 de septiembre de 1944, 1019 prisioneros fueron elegidos para abandonar Westerbork, entre ellos los ocho habitantes del refugio. A la mañana siguiente, un tren los esperaba para trasladarlos al campo de concentración de Auschwitz. La travesía duró tres largos días durante los cuales hombres, mujeres y niños, jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, viajaron hacinados en vagones. Los Frank viajaron por última vez juntos.

Al llegar al campo de concentración separaron a hombres y mujeres, les tatuaron un número en el brazo, les raparon la cabeza y les dieron la ropa que debían llevar. Durante su estancia en Auschwitz se les obligó a hacer trabajos forzosos como cavar zanjas, cargar piedras, etc. Cada día seleccionaban prisioneros. Los enfermos o incapacitados para trabajar eran enviados directamente a la cámara de gas. Esta suerte corrió Hermann van Pels'''.

Edith, Margot y Ana Frank consiguieron estar juntas en el mismo barracón, pero en el invierno de 1944, cuando los rusos estaban avanzando, los alemanes decidieron llevarse a todos los prisioneros que estuviesen capacitados para trabajar. La madre, Edith, fue descartada, pero no Ana y Margot. Rosa de Winter-Levy cuenta: "Entonces les llegó el turno a las niñas... Permanecieron allí unos instantes, desnudas y rapadas. Ana nos miró a los ojos con su carita inocente y luego desaparecieron. Ya no pudimos ver lo que sucedía detrás de los reflectores. La señora Frank exclamó: "¡Las niñas! ¡Ay, Dios mío...!". De esta manera, Ana y Margot fueron enviados en tren al campo de concentración de Bergen-Belsen. Edith Frank no logró superar esta situación, preocupada todo el día por sus hijas y sin ser consciente de que ya no estaban allí con ella, la invadió la anorexia y falleció el 6 de enero de 1945.

Después de tres días de viaje, Margot y Ana Frank llegaron a su último destino, el campo de concentración de Bergen-Belsen. Allí tuvieron que permanecer en un barracón atestado de mujeres. En noviembre de 1944 se reunió con ellasAuguste van Pels, aunque su estancia allí duró poco, porque pronto fue trasladada a Raguhn, una parte del campo de concentración de Buchenwald.

Tiempo después, en invierno, la situación del campo empeoró, las condiciones de higiene eran inhumanas y la comida escaseaba. Muchas de las mujeres cayeron enfermas, entre ellas Margot y Ana Frank. Contrajeron el tifus y murieron unas semanas antes de que el campo fuese liberado. Un testigo, llamado Janny Brilleslijper cuenta: "La primera que se cayó de la cama al suelo de piedra fue Margot; ya no era capaz de incorporarse. Ana falleció al día siguiente". Ana Frank murió entre febrero y marzo del año 1945.

El único de los ocho escondidos que sobrevivió y pudo ser testigo de la liberación fue Otto Frank.



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“Porque nos tuviesen mucha amistad, porque me di cuenta que eran gente que mejor se convertiría a nuestra Santa Fe Católica con amor y no por la fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían en el pescuezo, y otras muchas cosas de poco valor, con que se pusieron contentos
[...] (los indios) después venían nadando a las barcas donde estábamos y traían papagayos e hilos de algodón que entregaban a cambio de cualquier cosa que se les diera. En fin, todo tomaban y daban de aquello que tenían de buena voluntad. Mas me pareció que era gente muy pobre de todo [...] Yo estaba atento y trataba de averiguar si traían oro.
[...] Ellos andan todos desnudos, y también las mujeres. Y todos los que yo vi eran todos jóvenes, ninguno de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos cuasi como sedas de cola de caballos, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. [...] Ellos son del color de los canarios, ni negros ni blancos, y se pintan de blanco, y de colorado y se pintan las caras, y todo el cuerpo, y solo los ojos, y solo la nariz.
Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia. No tienen fierro alguno. Ellos todos son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos.”
Cristóbal Colón, Los cuatro viajes del Almirante y su testamento, fragmento adaptado de Cronistas de Indias, Antología, Buenos Aires, Colihue, 1994.

Cinco años Igual

Soledad sobre ruinas,
sangre en el trigo
rojo y amarillo,
manantial del veneno
escudo heridas,
cinco siglos igual.

Libertad sin galope,
banderas rotas
soberbia y mentiras,
medallas de oro y plata
contra esperanza,
cinco siglos igual.
En esta parte de la tierra
la historia se cayó
...como se caen las piedras
aun las que tocan el cielo
o están cerca del sol
o están cerca del sol.

Desamor desencuentro,
perdón y olvido
cuerpo con mineral,
pueblos trabajadores
infancias pobres,
cinco siglos igual.

Lealtad sobre tumbas,
piedra sagrada
Dios no alcanzó a llorar,
sueño largo del mal
hijos de nadie, cinco siglos igual.
Muerte contra la vida,
gloria de un pueblo desaparecido
es comienzo, es final
leyenda perdida,
cinco siglos igual.
Es tinieblas con flores,
revoluciones
y aunque muchos no están,
nunca nadie pensó besarte los pies,
cinco siglos igual.

Dale tu mano al indio

Dale tu mano al indio, dale que te hará bien
encontrarás el camino como ayer yo lo encontré,
dale tu mano al indio, dale que te hará bien
te mojará el sudor santo de la lucha y el deber,
la piel del indio te enseñará, 
todas las sendas que habrás de andar, 
manos de cobre te mostrarán, t
oda la sangre que has de dejar.

Dale tu mano al indio, dale que te hará bien
encontrarás el camino como ayer yo lo encontré,
es el tiempo del cobre, mestizo, grito y fusil
si no se abren las puertas, el pueblo las ha de abrir,
América está gritando, el siglo se vuelve azul
pampas, ríos y montañas liberan su propia luz,
la copla no tiene dueños, patrones no más mandar
la guitarra Americana peleando aprendió a cantar
dale tu mano al indio, dale que te hará bien.
DANIEL VIGLIETTI

Un 12 de octubre de hace más de quinientos años, Cristóbal Colón llegó a las tierras de este continente. Así comienza la historia de una conquista que cambió para siempre el destino de aquellos que vivían aquí. Desde hace mucho tiempo el Día de la Raza es cuestionado, porque en realidad ya no podemos conformarnos con lo que nos dijeron nuestros maestros y los libros de historia, que por muchas razones que seguramente fueron importantes y valederas en su momento, nos dieron una imagen errónea de ese suceso. Según esa imagen, los habitantes de América de ese entonces aceptaron sin resistencia toda la cultura, las ideas, la religión y el sistema de vida de los europeos. Pero no fue así. La realidad es que en este lugar había tribus de aborígenes que tenían su propia civilización, y fue tan trascendental que miles de historiadores no lograron borrarla aunque no la mencionaran ni siquiera en una de sus páginas. La huella de esas familias quedó en el aire, en las ruinas, en el recuerdo de los que quedaron, en la sangre.
Reflexión de los docentes de la Escuela Primaria N° 250 Pcia. de Neuquén


El espacio público




Una breve referencia histórica...

Las ciudades medievales con sus ciudades amuralladas y calles estrechas, las ciudades renacentistas con sus amplias plazas, lugares para mercados y artesanos, y la ciudad contemporánea, con la invasión del automóvil, signo de la mercantilización de las relaciones sociales, también son elocuentes en lo que respecta a las relaciones sociales, políticas y humanas que se desarrollan en ellas, nos dicen mucho ac

erca de esas sociedades, y el modo en que vivían y se relacionaban.

También desde la antigüedad el hombre ha reflexionado sobre el espacio público, cómo debería ser, qué funciones cumple, quién debe diseñarlo, cuidarlo y qué normas deb

en seguirse para su uso. Aristóteles escribió acerca de los presupuestos de la organización de la ciudad, el Nuevo Testamento, también recoge escenas, como la expulsión de los m

ercaderes del Templo de Jerusalem, que hablan de la "sacralidad" de algun

os lugares compartidos.

En nuestro momento, la crisis del concepto de Estado arr

astra consigo las conceptualizaciones de lo público. Por una parte, las ideologías que proponen el fin del Estado como regulador de las relaciones sociales, y su reemplazo por el mercado, son acompañados en lo urbanístico por las transformaciones en las grandes ciudades, con la aparición de modelos y proyectos urbanísticos excluyentes y que contribuyen con la segmentación social, estableciendo espacios de vida, consumo, educación, y hasta de sepultura diferenciados, nos llaman a reflexionar de forma urgente sobre las creencias y las prácticas en relación a lo público.


Reflexionando sobre el espacio público

¿Sigue existiendo el espacio público?¿Es ese lugar que nadie se ha apropiado (aún), lo que nadie quiere? O por el contrario, ¿es un lugar de encuentro, de reconocimiento de identidad, de historia y de proyectos comunes?

Pensemos qué clase de personas y qué clase de sociedad

sería el resultado de un barrio sin veredas, sin plazas, sin parques y sin lugares de encuentro. Solo casas y calles para que circulen automóviles rápida y fluidamente. Sin filas en los comercios, donde no fuera necesario salir de nuestras casas para acceder a servicios de salud, educativos, donde nuestra recreación, diversión, juego tuvieran lugar de manera controlada, los niños jugando con quienes sus padres seleccionen en lugares cerrados y aislados...

Pero, ¿a qué llamamos espacio público?

Desde nuestra perspectiva el espacio público es un:

Lugar de encuentro

El espacio público es un lugar de encuentro. Con lo distinto, con lo incierto, de los otros. Donde aprendemos que somos parecidos y diferentes, donde moldeamos nuestros comportamientos y donde pedimos a los otros que lo hagan, donde exponemos nuestras ideas. También es un lugar de oportunidades. De conocer a otros, de pensarse uno mismo, de unirse a los demás, de encontrarse con quien no se esperaba, de enterarse de lo que no nos dicen.

Lugar de identidad

El espacio público es un lugar de identidad. Es el lugar que reconocemos como propio, aquel donde pertenecemos, esos lugares que cuando los mencionamos, alguien también los reconoce como propios y entonces nos hace sentir partícipes de algo común.

En el espacio público también se teje la historia de un barrio, una ciudad, una sociedad. Es donde salimos a protestar o a festejar, donde decidimos qué cosas son importantes, nos dan bronca o alegría a todos. Donde nos pronunciamos

Lugar físico

Es un lugar físico, pero que tiene carga simbólica, porque representa algo para todos. Es un lugar necesario, porque no podemos pensar nuestra vida sin él. Es un lugar complejo, porque es intersección, de relaciones, de personas, de normas, de disciplinas que lo abordan.

Desde estas primeras claves, intentaremos profundizar la reflexión sobre algunos aspectos particulares que nos preocupan sobre nuestra ciudad.

Carta de Cristobal Colón anunciando el descubrimiento



Señor, porque sé que habréis placer de la gran victoria que Nuestro Señor me ha dado en mi viaje, vos escribo ésta, por la cual sabréis como en 33 días pasé de las islas de Canaria a las Indias con la armada que los ilustrísimos rey y reina nuestros señores me dieron, donde yo hallé muy muchas islas pobladas con gente sin número; y de ellas todas he tomado posesión por Sus Altezas con pregón y bandera real extendida, y no me fue contradicho.
A la primera que yo hallé puse nombre San Salvador a comemoración de Su Alta Majestad, el cual maravillosamente todo esto ha dado; los Indios la llaman Guanahaní; a la segunda puse nombre la isla de Santa María de Concepción; a la tercera Fernandina; a la cuarta la Isabela; a la quinta la isla Juana [Cuba], y así a cada una nombre nuevo.
Cuando yo llegué a la Juana, seguí yo la costa de ella al poniente, y la hallé tan grande que pensé que sería tierra firme, la provincia de Catayo. Y como no hallé así villas y lugares en la costa de la mar, salvo pequeñas poblaciones, con la gente de las cuales no podía haber habla, porque luego huían todos, andaba yo adelante por el dicho camino, pensando de no errar grandes ciudades o villas; y, al cabo de muchas leguas, visto que no había innovación, y que la costa me llevaba al setentrión, de adonde mi voluntad era contraria, porque el invierno era ya encarnado, y yo tenía propósito de hacer de él al austro, y también el viento me dio adelante, determiné de no aguardar otro tiempo, y volví atrás hasta un señalado puerto, de adonde envié dos hombres por la tierra, para saber si había rey o grandes ciudades. Anduvieron tres jornadas, y hallaron infinitas poblaciones pequeñas y gente sin número, mas no cosa de regimiento; por lo cual se volvieron.
Yo entendía harto de otros Indios, que ya tenía tomados, como continuamente esta tierra era isla, y así seguí la costa de ella al oriente ciento y siete leguas hasta donde hacía fin. Del cual cabo vi otra isla al oriente, distante de esta diez y ocho leguas, a la cual luego puse nombre la Española y fui allí, y seguí la parte del setentrión, así como de la Juana al oriente, 188 grandes leguas por línea recta; la cual y todas las otras son fertilísimas en demasiado grado, y ésta en extremo. En ella hay muchos puertos en la costa de la mar, sin comparación de otros que yo sepa en cristianos, y hartos ríos y buenos y grandes, que es maravilla. Las tierras de ella son altas,y en ella muy muchas sierras y montañas altísimas, sin comparación de la isla de Tenerife; todas hermosísimas, de mil fechuras, y todas andables, y llenas de árboles de mil maneras y altas, y parece que llegan al cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la hoja, según lo puedo comprehender, que los vi tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España, y de ellos estaban floridos, de ellos con fruto, y de ellos en otro término, según es su calidad; y cantaba el ruiseñor y otros pajaricos de mil maneras en el mes de noviembre por allí donde yo andaba. Hay palmas de seis o ocho maneras, que es admiración verlas, por la deformidad hermosa de ellas, mas así como los otros árboles y frutos e hierbas. En ella hay pinares a maravilla y hay campiñas grandísimas, y hay miel, y de muchas maneras de aves, y frutas muy diversas. En las tierras hay muchas minas de metales, y hay gente en estimable número. La Española es maravilla; las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas, y las tierras tan hermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para edificios de villas y lugares. Los puertos de la mar aquí no habría creencia sin vista, y de los ríos muchos y grandes, y buenas aguas, los más de los cuales traen oro. En los árboles y frutos e hierbas hay grandes diferencias de aquellas de la Juana. En ésta hay muchas especierías, y grandes minas de oro y do otros metales.
La gente de esta isla y de todas las otras que he hallado y he habido noticia, andan todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus madres los paren, aunque algunas mujeres se cobijan un solo lugar con una hoja de hierba o una cofia de algodón que para ellos hacen. Ellos no tienen hierro, ni acero, ni armas, ni son para ello, no porque no sea gente bien dispuesta y de hermosa estatura, salvo que son muy temeroso a maravilla. No tienen otras armas salvo las armas de las cañas, cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo; y no osan usar de aquellas; que muchas veces me ha acaecido enviar a tierra dos o tres hombres a alguna villa, para haber habla, y salir a ellos de ellos sin número; y después que los veían llegar huían, a no aguardar padre a hijo; y esto no porque a ninguno se haya hecho mal, antes, a todo cabo adonde yo haya estado y podido haber fabla, les he dado de todo lo que tenía, así paño como otras cosas muchas, sin recibir por ello cosa alguna; mas son así temerosos sin remedio. Verdad es que, después que se aseguran y pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creería sino el que lo viese. Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamás dicen de no; antes, convidan la persona con ello, y muestran tanto amor que darían los corazones, y, quieren sea cosa de valor, quien sea de poco precio, luego por cualquiera cosica, de cualquiera manera que sea que se le dé, por ello se van contentos. Yo defendí que no se les diesen cosas tan civiles como pedazos de escudillas rotas, y pedazos de vidrio roto, y cabos de agujetas aunque, cuando ellos esto podían llegar, les parecía haber la mejor joya del mundo; que se acertó haber un marinero, por una agujeta, de oro peso de dos castellanos y medio; y otros, de otras cosas que muy menos valían, mucho más; ya por blancas nuevas daban por ellas todo cuanto tenían, aunque fuesen dos ni tres castellanos de oro, o una arroba o dos de algodón filado. Hasta los pedazos de los arcos rotos, de las pipas tomaban, y daban lo que tenían como bestias; así que me pareció mal, y yo lo defendí, y daba yo graciosas mil cosas buenas, que yo llevaba, porque tomen amor, y allende de esto se hagan cristianos, y se inclinen al amor y servicio de Sus Altezas y de toda la nación castellana, y procuren de ayuntar y nos dar de las cosas que tienen en abundancia, que nos son necesarias. Y no conocían ninguna seta ni idolatría salvo que todos creen que las fuerzas y el bien es en el cielo, y creían muy firme que yo con estos navíos y gente venía del cielo, y en tal catamiento me recibían en todo cabo, después de haber perdido el miedo. Y esto no procede porque sean ignorantes, y salvo de muy sutil ingenio y hombres que navegan todas aquellas mares, que es maravilla la buena cuenta que ellos dan que de todo; salvo porque nunca vieron gente vestida ni semejantes navíos.
Y luego que llegué a Indias, en la primera isla que hallé tomé por fuerza algunos de ellos, para que deprendiesen y me diesen noticia de lo que había en aquellas partes, así fue que luego entendieron, y nos a ellos, cuando por lengua o señas; y estos han aprovechado mucho. Hoy en día los traigo que siempre están de propósito que vengo del cielo, por mucha conversación que hayan habido conmigo; y éstos eran los primeros a pronunciarlo adonde yo llegaba, y los otros andaban corriendo de casa en casa y a las villas cercanas con voces altas: venid, venid a ver la gente del cielo; así, todos, hombres como mujeres, después de haber el corazón seguro de nos, venían que no quedaban grande ni pequeño, y todos traían algo de comer y de beber, que daban con un amor maravilloso. Ellos tienen en todas las islas muy muchas canoas, a manera de fustas de remo, de ellas mayores, de ellas menores; y algunas son mayores que una fusta de diez y ocho bancos. No son tan anchas, porque son de un solo madero; mas una fusta no terná con ellas al remo, porque van que no es cosa de creer. Y con éstas navegan todas aquellas islas que son innumerables, y tratan sus mercaderías. Alguna de estas canoas he visto con 70 y 80 hombres en ella, y cada uno con su remo.
En todas estas islas no vi mucha diversidad de la hechura de la gente, ni en las costumbres ni en la lengua; salvo que todos se entienden, que es cosa muy singular para lo que espero que determinaran Sus Altezas para la conversión de ellos a nuestra santa fe, a la cual son muy dispuestos.
Ya dije como yo había andado 107 leguas por la costa de la mar por la derecha línea de occidente a oriente por la isla de Juana, según el cual camino puedo decir que esta isla es mayor que Inglaterra y Escocia juntas; porque, allende de estas 107 leguas, me quedan de la parte de poniente dos provincias que yo no he andado, la una de las cuales llaman Avan, adonde nace la gente con cola; las cuales provincias no pueden tener en longura menos de 50 o 60 leguas, según pude entender de estos Indios que yo tengo, los cuales saben todas las islas.
Esta otra Española en cierco tiene más que la España toda, desde Colibre, por costa de mar, hasta Fuenterrabía en Viscaya, pues en una cuadra anduve 188 grandes leguas por recta línea de occidente a oriente. Esta es para desear, y vista, para nunca dejar; en la cual, puesto que de todas tenga tomada posesión por Sus Altezas, y todas sean más abastadas de lo que yo sé y puedo decir, y todas las tengo por de Sus Altezas, cuál de ellas pueden disponer como y tan cumplidamente como de los reinos de Castilla, en esta Española, en el lugar más convenible y mejor comarca para las minas del oro y de todo trato así de la tierra firme de aquí como de aquella de allá del Gran Can, adonde habrá gran trato y ganancia, he tomado posesión de una villa grande, a la cual puse nombre la villa de Navidad; y en ella he hecho fuerza y fortaleza, que ya a estas horas estará del todo acabada, y he dejado en ella gente que abasta para semejante hecho, con armas y artellarías y vituallas por más de un año, y fusta, y maestro de la mar en todas artes para hacer otras, y grande amistad con el rey de aquella tierra, en tanto grado, que se preciaba de me llamar y tener por hermano, y, aunque le mudase la voluntad a ofender esta gente, él ni los suyos no saben que sean armas, y andan desnudos, como ya he dicho, y son los más temerosos que hay en el mundo; así que solamente la gente que allá queda es para destruir toda aquella tierra; y es isla sin peligros de sus personas, sabiéndose regir.
En todas estas islas me parece que todos los hombres sean contentos con una mujer, y a su mayoral o rey dan hasta veinte. Las mujeres me parece que trabajan más que los hombres. Ni he podido entender si tienen bienes propios; que me pareció ver que aquello que uno tenía todos hacían parte, en especial de las cosas comederas.
En estas islas hasta aquí no he hallado hombres mostrudos, como muchos pensaban, mas antes es toda gente de muy lindo acatamiento, ni son negros como en Guinea, salvo con sus cabellos correndíos, y no se crían adonde hay ímpeto demasiado de los rayos solares; es verdad que el sol tiene allí gran fuerza, puesto que es distante de la línea equinoccial veinte y seis grados. En estas islas, adonde hay montañas grandes, allí tenía fuerza el frío este invierno; mas ellos lo sufren por la costumbre, y con la ayuda de las viandas que comen con especias muchas y muy calientes en demasía. Así que mostruos no he hallado, ni noticia, salvo de una isla Quaris, la segunda a la entrada de las Indias, que es poblada de una gente que tienen en todas las islas por muy feroces, los cuales comen carne humana. Estos tienen muchas canoas, con las cuales corren todas las islas de India, y roban y toman cuanto pueden; ellos no son más disformes que los otros, salvo que tienen costumbre de traer los cabellos largos como mujeres, y usan arcos y flechas de las mismas armas de cañas, con un palillo al cabo, por defecto de hierro que no tienen. Son feroces entre estos otros pueblos que son en demasiado grado cobardes, mas yo no los tengo en nada más que a los otros. Estos son aquéllos que tratan con las mujeres de Matinino, que es la primera isla, partiendo de España para las Indias, que se halla en la cual no hay hombre ninguno. Ellas no usan ejercicio femenil, salvo arcos y flechas, como los sobredichos, de cañas, y se arman y cobijan con launes de arambre, de que tienen mucho.
Otra isla hay, me aseguran mayor que la Española, en que las personas no tienen ningún cabello. En ésta hay oro sin cuento, y de ésta y de las otras traigo conmigo Indios para testimonio.
En conclusión, a hablar de esto solamente que se ha hecho este viaje, que fue así de corrida, pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuanto hubieren menester, con muy poquita ayuda que Sus Altezas me darán; ahora, especiería y algodón cuanto Sus Altezas mandarán, y almástiga cuanta mandarán cargar, y de la cual hasta hoy no se ha hallado salvo en Grecia en la isla de Xío, y el Señorío la vende como quiere, y ligunáloe cuanto mandarán cargar, y esclavos cuantos mandarán cargar, y serán delos idólatras; y creo haber hallado ruibarbo y canela, y otras mil cosas de sustancia hallaré, que habrán hallado la gente que yo allá dejo; porque yo no me he detenido ningún cabo, en cuanto el viento me haya dado lugar de navegar; solamente en la villa de Navidad, en cuanto dejé asegurado y bien asentado. Y a la verdad, mucho más hiciera, si los navíos me sirvieran como razón demandaba.
Esto es harto y eterno Dios Nuestro Señor, el cual da a todos aquellos que andan su camino victoria de cosas que parecen imposibles; y ésta señaladamente fue la una; porque, aunque de estas tierras hayan hablado o escrito, todo va por conjectura sin allegar de vista, salvo comprendiendo a tanto, los oyentes los más escuchaban y juzgaban más por habla que por poca cosa de ello. Así que, pues Nuestro Redentor dio esta victoria a nuestros ilustrísimos rey e reina y a sus reinos famosos de tan alta cosa, adonde toda la cristiandad debe tomar alegría y hacer grandes fiestas, y dar gracias solemnes a la Santa Trinidad con muchas oraciones solemnes por el tanto ensalzamiento que habrán, en tornándose tantos pueblos a nuestra santa fe, y después por los bienes temporales; que no solamente la España, mas todos los cristianos ternán aquí refrigerio y ganancia.

Esto, según el hecho, así en breve.
Fecha en la carabela, sobre las islas de Canaria, a 15 de febrero, año 1493.
Hará lo que mandaréis

El almirante
Después de ésta escrita, y estando en mar de Castilla, salió tanto viento conmigo sul y sueste, que me ha hecho descargar los navíos. Pero corrí aquí en este puerto de Lisboa hoy, que fue la mayor maravilla del mundo, adonde acordé escribir a sus Altezas. En todas las Indias he siempre hallado los temporales como en mayo; adonde yo fui en 33 días, y volví en 28, salvo que estas tormentas me han detenido 13 días corriendo por este mar. Dicen acá todos los hombres de la mar que jamás hubo tan mal invierno ni tantas pérdidas de naves.
Fecha a 4 días de marzo
* El original de esta carta de Colón ha desaparecido. Se conservan varias versiones en español, italiano y latín.



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